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Noticias ANA ARIAS GARCÍA.
OPERADORA DE GRÚA OBRA. Esta ovetense
de 23 años lleva una semana en activo. Ana Arias se considera una afortunada. Desde hace una semana, esta ovetense de 23 años se ha hecho un hueco en el difícil mundo laboral, ocupando la vacante de un compañero que permanece de baja. Su trabajo: operadora de grúa. Un ámbito éste, de por sí, especialmente castigado. De hecho, la Asociación Profesional de Operadores de Grúa canaliza las innumerables quejas del sector. Los doscientos socios prevén reunirse de nuevo en mayo. Su objetivo es citarse periódicamente, captando nuevos adeptos, hasta llegar a una cifra que pueda forzar cambios en la delicada situación que viven. |
-¿Se acepta la idea de una mujer al mando de la grúa?
-No deja de ser un espectáculo en la zona. Sólo los rostros perplejos de los vecinos de alrededor me dicen que sigue contemplándose como una cosa rara.
-Comparándolo con el resto de chicas que hicieron el curso de operador con usted, algo inusual sí que parece.
-Cierto. Junto a doce chicas, hice prácticas en obras. Aparte de mi caso y el de otra compañera, las demás están en el paro. Incluso dos de ellas ya han desistido en su empeño, decantándose por otras profesiones porque veían pasar el tiempo y no conseguían nada. Es triste, pero así es la cruda realidad.
-¿Se muestra pesimista ante el futuro?
-Pesimista no, realista. La obra es lo que es, para lo bueno y lo malo. A un operador de grúa, hoy en día, se le exige que también compagine su trabajo con las funciones de peón. Soy consciente de que en lo tocante a fuerza no puedo competir con el hombre. Es un problema de conceptos. Mi función se limita a la grúa, no a cargar materiales. En fin un despropósito más que sufrimos el gremio en general.
-¿Se considera una afortunada entre las 32.000 paradas del Principado?
-Estoy contenta. Soy consciente de la dificultad del trabajo. En cualquier caso, yo empecé el martes de la semana pasada. Tan sólo estoy cubriendo la baja de un compañero que permanece inactivo.
-¿Y qué trato le dispensan en la obra?
-Soy una más. Me llaman a voces como a cualquier otro. Recuerdo que al principio no hacían más que mirarme, al ser la única chica de la obra. También había alguna que otra risita. La verdad es que no tuve problemas con ellos. No sufrí discriminación, todo lo contrario.
-Sin embargo, algunas operadoras sí que denuncian que sufren actos machistas.
-Las trabas que me constan provienen del tema de las casetas. Nosotras, lógicamente, necesitamos un lugar alternativo para cambiarnos. Lo que no saben los contratistas es que ese gasto se financia con los fondos del Principado de Asturias.
-¿Perdura el estereotipo de la mujer dedicada a sus labores?
-Es evidente que es una tendencia social vigente. A la mujer guapa se la encasilla en una oficina desarrollando un trabajo, más o menos, cómodo. Por otro lado, muchos mantienen que las menos favorecidas están mejor en sus casas, barriendo.
-¿Cómo lleva su entorno más próximo el trabajo de operadora de grúa?
-Bien. Siempre me han apoyado en mis decisiones, hecho que agradezco. De momento, no pienso cambiar de profesión así que mejor que lo acepten.