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UN SINIESTRO QUE ROZO LA TRAGEDIA
El desplome de una grúa obliga a evacuar 82 pisos en Castrillón


La pluma impactó contra un edificio de Piedras Blancas al ceder el terreno en el que se apoyaba

Tres inmuebles fueron desalojados durante 4 horas tras el accidente, que se saldó sin heridos


El gran susto 1 La grúa inclinada al borde del hueco del edificio en construcción. 2 Antonio López

El desplome de una grúa obligó ayer a desalojar las 82 viviendas de tres edificios de la calle Rey Pelayo de Piedras Blancas. A pesar de lo espectacular del accidente, no se registraron más que daños materiales. "Sentimos un estruendo enorme. Ha sido todo un susto", señalaba Conchi González, vecina del número 20, pocas horas después de haber abandonado su vivienda.

Eran cerca de las nueve y media de la mañana cuando la grúa, marca Liebherr y matrícula E-1656-BBZ, se desplomó contra un alero del edificio número 18 de la calle Rey Pelayo. El firme en que se apoyaba, pegado al hueco de garajes y cimientos de un edificio en construcción, cedió por el peso y provocó la inclinación del camión. Algunos testigos aseguraban ayer que la pericia del gruista, que desplazó la pluma para que impactara en el edificio, impidió que el vehículo se precipitara por el socavón de unos diez metros de altura sobre el que quedó tendido.

Ni el conductor de la grúa, propiedad de una empresa avilesina contratada por Construcciones Carrio, ni los operarios que trabajaban en ese momento en la obra sufrieron más que un tremendo susto. Una ventana rota, y diversos daños materiales en la octava planta del número 18 de Rey Pelayo fueron las consecuencias del accidente.

DESALOJO Poco después, efectivos de la Guardia Civil y de la Policía Local de Castrillón, procedieron al desalojo de los edificios colindantes. La operación se llevó a cabo sin incidentes y de forma ordenada. "Llegaron dos agentes de la Guardia Civil a avisarnos de que había que abandonar el edificio", relataba ayer Conchi González después de permanecer toda la mañana fuera de su casa. "Aún estamos temblando", recordaba del momento en que tuvo que vestirse a toda prisa, "coger algo de ropa", y salir de su vivienda junto a los dos familiares que estaban con ella en ese momento.

Cuatro horas después del desalojo pudo regresar a su piso. Para entonces, otra grúa ya había enderezado la máquina accidentada, operación en la que se empleó casi hora y media por su complejidad y por el riesgo que entrañaba para los operarios encargados de la sujeción de la Liebherr, que seguía con el edificio número 18 como único punto de apoyo.

De hecho, la calle Rey Pelayo permaneció aún varias horas cerrada al tráfico hasta que los agentes policiales y los técnicos desplazados a la zona verificaran que no existía peligro de nuevos desprendimientos en la acera en que se había apoyado la grúa accidentada.

Desde la empresa constructora que encargó los trabajos de la grúa se felicitaban ayer por que no se hubiera producido ninguna víctima. "Todo ha quedado en un gran susto", dijeron.